El desfile: quince segundos que se sienten como una fotografía
Hay días que no piden permiso para ser imagen. El 15 de septiembre es uno de ellos. Entre la banda, los uniformes y el polvo de las calles, todo se mueve a una velocidad que la cámara necesita aprender a seguir.

Mi instinto no es el retrato posado; es el instante medio. Esa fracción donde la persona todavía no sabe que fue fotografiada y, sin embargo, ya está dando la mejor versión de sí misma.

Estas fechas me enseñan rapidez y respeto: rapidez para no perder el tema, respeto para no invadir el momento de los demás.
Un desfile es un estudio abierto: la luz cambia cada cuadra y el encuadre tiene fecha de caducidad.
Vuelvo a casa con tarjetas llenas y la certeza de que el documental también es parte de mi trabajo. No todo es el estudio ni el mapping: la calle tiene su propia dirección de arte.
